De la indignidad, la infamia y la idiotez insuperable de toda la historia de la Humanidad.

Publicado: febrero 2, 2022 en Formación Musical

Esta entrada no es de las que proporcionan trabajo, amigos o estabilidad, más bien todo lo contrario, pero uno está obligado a denunciar que estamos asistiendo a una debacle sin precedentes, que al menos a los profesionales de la Música académica nos debería hacer pensar detenidamente y mucho, como mínimo por el respeto que se debe de tener (dejando al lado la cada vez más en vías de extinción deontología profesional de este gremio) hacia las figuras relevantes de nuestra historia, los que en definitiva formaron parte de esa cadena de Maestros que hicieron de este Arte durante siglos algo inasequible para la mediocridad, qué menos si tienes la mínima vergüenza de autodenominarte Músico tras las décadas de formación académica que conlleva esta profesión. Porque lo que comenzó siendo un acto de condescendencia por parte de los músicos académicos con los cretinos y aficionados para no herir susceptibilidades, hoy se ha convertido en una auténtica curia transnacional cuya directiva está formada por aquellos cretinos con los que se fue condescendiente en su momento y que no dudan en zaherir la epistemología, la coherencia y la lógica.

Decía David Harvey en su imprescindible libro «El nuevo imperialismo» en el capítulo de importancia trascendental titulado «La acumulación por desposesión» lo siguiente:

«La mercantilización de las diversas expresiones culturales, de la historia y de la creatividad intelectual conlleva desposesiones integrales (la industria de la música descuella como ejemplo de la apropiación y la explotación de la cultura y creatividad populares)…»

Lo siguiente claro está – para el sistema genocida del discernimiento de ese neoliberalismo implantado desde finales de la década de los 70 y principios de los 80 en el mundo – es desvirtuar hasta cotas inéditas en la historia la expresión máxima del Arte, en especial de la Música, hasta convertirla en la cochambre de esa mercaderia sonora industrial que ellos han creado, bajo la cínica reivindicación de lo popular, la «libertad» individual y contra un supuesto elitismo que al parecer caracteriza a toda esta gente que normalmente suele vivir al borde de la pobreza toda la vida, incluso morir en la inanición como ocurrió con el compositor húngaro Béla Bartók, o la miseria más absoluta y el acoso de acreedores como ocurrió con el italiano Antonio Vivaldi. Porque como decía Mathew Arnold «la libertad es un caballo muy bueno para cabalgar sobre él, pero para ir a algún sitio». Evidentente el único lugar donde se consigue cabalgar hoy es sobre un pollo sin cabeza.

No se trata de otra cosa en definitiva que de conseguir el mundo plano neoliberal – como el subsiguiente encefalograma plano también – que tanto cacareaba el imbécil integral periodista del New York Times (como no) Thomas Friedman sobre la planicie de la tierra, no física (ya sería delirante) sino económica y comercialmente hablando, o como aseguraba la patética criminal inglesa Margaret Thatcher «La economía es el método, pero el objetivo es cambiar el alma». Llegado a este punto prefiero ahorrar citas de T.W. Adorno sobre la Música porque no llevarían a ningún sitio ya que el personal ha puesto su discernimiento en una vitrina cerrada bajo mil llaves cuya función es la del apellido del genial esteta.

En definitiva y para no enrollarme más, se ha conseguido llegar a la época de la máxima estulticia de toda la historia por ahora, aunque aún hay tiempo para caer más bajo, todo apunta a ello, donde la idiotez de la masa es neciamente explícita y orgullosamente demostrada día tras día, con grandes esfuerzos por parte del personal para dejar constancia de ella. Los principios neoliberales han sido conquistados, la sociedad ha cambiado desde la misma «alma» (como aseguraba Margarita) la democracia por la mediocracia, el bien común por la psicopatía del SuperYo, la inquietud epistemológica por la imbecilidad más profunda, la historia por el patético revisionismo relativista y la Ciencia por la «libertad» del osado negacionista ignorante, valores sacrosantos todos ellos de la libertad ejercida libremente (sin necesidad de recalcar tan siquiera hoy la redundancia).

Todo esto se ha convertido en la pesadilla más terrorífica que nadie podría haber predicho jamás, ni en los cálculos de la mente más corrompida cabría semejante distopía, hoy grotesca realidad. Disfrutad de vuestra idiotez y abrazad con fuerza la neorreligión de la autoayuda y la enfermedad mental del trastorno histriónico de personalidad mediocre que es lo único que sí es una pandemia globalizada.

La IA termina la Decima Sinfonía de Beethoven, que a su vez es la primera popstar de la historia (Mozart por ahora no está de moda, ya pasó, ahora tocar difamar y corromper a Beethoven aún más). Esto está ocurriendo, y los abanderados de la miseria y la inutilidad integral hoy lo utilizan como modelo sacrosanto colgado en las cabeceras de sus camas en sustitución de los antiguos crucifijos…

Y recuerden que todo esto lo escribe alguien que se ha visto abocado a dedicarse a este mundo industrial, incluso en sus cloacas de submundo televisivo, para poder comer, tarde, mal y nunca, porque de haber dedicado mi vida solo a la composición académica lo de comer hubiera quedado exclusivamente para el nunca.

Porque recordemos en todo momento que hoy se vende, pero no se forma, y cuanto más se vende, menos se forma. Y ese actualmente es el principio insoslayable que rige toda la enseñanza actual en los centros educativos. En fin, es lo que hay…

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comentarios
  1. Así es, punto por punto. Qué pena da todo!

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