SILENCIO

Publicado: agosto 17, 2021 en Formación Musical

Existió un tiempo en que no podía pasar un solo momento sin la presencia de la música, hasta por las noches la utilizaba para conciliar el sueño, hoy ya intento evadirla, y por supuesto la costumbre de orquestar mi tránsito onírico ha quedado obsoleta, porque no existe nada más estúpido que desperdiciar el silencio.

El silencio, que es como el aire puro, como el agua de un manantial, tan escaso, valioso y codiciado como el oro o el diamante. Cuando un Músico ha trascendido lo suficiente como para no necesitar de su alimento «espiritual» y necesita sustituirlo por su completa ausencia, es muestra inequívoca de que incluso ha trascendido a su propia vida y comienza a dar el valor objetivo a la condición material de la misma.

Utilicemos un símil adecuado para describir convenientemente la irrevocabilidad de la idea:

Perdido el pulso, y su sonido ser sustituido por su silencio, es inevitable la subsiguiente pérdida de la vida, perdida la necesidad de mantener el primero se pierde la posibilidad y el sentido de mantener la segunda.

Sin embargo no es tan fácil porque no es la ausencia de vida o la incapacidad de percibir el sonido lo que garantiza el silencio, ambas condiciones son excesivamente ruidosas, sino que son la vida plena y un oído completamente funcional los condimentos que se necesitan para poder escuchar el silencio en toda su excelsa inefabilidad.

Estar preparado para enfrentarse a la muerte es un paso tan trascendental y poderoso como lo es el estar preparado para escuchar el silencio.

«Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo.»

Ludwig Van Beethoven

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