Ace Ventura Profesor de Música a domicilio.

Publicado: septiembre 6, 2019 en Formación Musical

En la película Amadeus, aún siendo un divertimento típico de novela histórica, muy lejos de acercarse a cualquier tipo de rigor histórico, como gran parte de este género novelesco (aún así en algunos casos realmente brillante y adictivo), aparece una escena muy interesante, en su momento se incluyó para exponer a qué grado de estupidez podía llegar la nobleza europea de la época y a qué tipo de humillaciones debían someterse las grandes mentes pensantes, y eso los tíos porque las señoras de la época ni eso podían hacer (bueno en realidad la estupidez en la nobleza como en la burguesía es atemporal, igual de gilipollas eran antes que hoy, incluso aquellos menos, es lo que tiene no entender que el dinero y las posesiones no erradican la idiotez sino que suelen amplificarla), pretendiendo que el bueno y necesitado Mozart impartiese clases a unos perros, en esta escena la mediación para la infamia era la hija del imbécil, aunque en realidad la clientela era la jauría absurda, si se visiona la película en la versión del director, se podrá ver como en una escena posterior a esta, un Mozart completamente destruído y en la miseria más absoluta, vuelve, ebrio para ser capaz de superar la humillación sin desfallecer, y se ofrece al imbécil para aceptar ese encargo repugnante, estúpido y absolutamente denigrante, despreciable y zahiriente (esa humillación está a la orden del día).

Hoy, sin embargo, parece convertirse en una realidad, que algunos comienzan a considerar viable, realmente me resisto a darle crédito pero comienzo a dudar y creo que se lo doy, el maltrato, la destrucción, la depauperación, el proceso de putrefacción y miseria que lleva sufriendo este Arte, no tiene parangón con ninguna otra disciplina, artística, científica, deportiva o lo que sea. El neoliberalismo, los/las violadores/as y los/las arribistas han conseguido, con el eufemismo de la «democratización», que endulza con empalagoso almíbar lo que Harvey identifica como «Desposesión», que es de lo que realmente se trata, por supuesto de la mano, consentimiento y promoción por parte del propio gremio del músico, llevar esta disciplina al punto más chabacano y cutre de la historia de la humanidad, ni tan siquiera en el mundo tribal más arcaico, pasado o coetaneo, se ha visto o se ve algo similar, más bien todo lo contrario.

La Música en su día, y por suerte, gozó de un avance y proyección social considerable, lo que sí podría considerarse (valga la redundancia) un proceso realmente democratizador, pero como ocurre con todo lo positivo, constructivo y evolutivo en el humano, es caer en manos del tratamiento y lógica capitalista y pudrirse casi al instante. Universalizar la Música (democratizarla) se encuentra en las antípodas de lo que ha terminado considerandose como tal, rebajarla a niveles de estupidez supina para que hasta el más imbécil pueda tener acceso a ella, no solo a escucharla, incluso jugar a hacerla, si pudres la creación pudres indefectiblemente la capacidad y apreciación estética del auditorio, en roman paladino «si haces mierda, la gente consume mierda, si haces más mierda, el público consumirá mierda+» y así hasta el infinito, el ciclo es cerrado y puede no llegar a tocar fondo jamás. Los eufemismos, ese puto veneno condescendiente tan convincente, ese virus atractivo con el que los estultos emponzoñan sus calidos y «sabios» argumentos.

La Música pasó de ser una disciplina para todos, sobre todo para todos aquellos dispuestos a asumir su disciplina, sacrificio, trabajo esclavo y «desagradecido», donde cientos de horas se traducen en avances ínfimos y dos de descanso en pérdidas infinitas (eso lo desconocen los «aporreadores» claro, ni lo imaginan) y donde se barajaban ciertas capacidades, tanto en el mundo capitalista como en el soviético, en este segundo bastante más, a ser para «todos», (el dinero, el trabajo digno, la vivienda, los derechos sociales, los salarios justos, los puestos de dirección para las mujeres, la igualdad salarial etc, etc, etc ya tal…) ¿por qué íbamos a negar a una persona sin extremidades superiores la posibilidad de tocar el violín? ¿Por qué vamos a negar a una persona completamente sorda de nacimiento a ofrecer conciertos de trombón? ¡PERO POR FAVOR, ERES UN NAZI! La CONDESCENDENCIA ES TERRIBLE porque el «condescendido» cree que está siendo respetado sin posibilidad de convencimiento de lo contrario, es como el VIH de la dignidad y la libertad personal. Desde finales de los años 80, principios de los 90, la «cosa» comenzó a abrirse a diletantes, de ahí a llegar a los aficionados fue un paso, poco después surgió una corriente poderosa terapéutica, tan poderosa como la alternativa homeopática (por la que hoy la medicina seria se revuelve con toda la razón), después a «sonorizadores» sin conocimientos básicos tan siquiera de grafía musical (hoy lo copan todo, los «sonorizadores» que se autodenominan «músicos» también) poco a poco se ha degradado tanto que ya se baraja la posibilidad de hacerla llegar a los animales. Y LOS MÚSICOS SIGUEN DILATANDO SU ESFÍNTER no vaya a ser que pierdan su carrera, como las arribistas manoseadas por el sucio y mafioso tenor.

Es decir, el imbécil que le propuso a Mozart impartir clases u ofrecer conciertos a sus perros en realidad era un innovador….🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣

¡SEÑORAS Y SEÑORES HEMOS LLEGADO A UN PUNTO SOCIAL DONDE NO SE PUEDE SER MÁS GILIPOLLAS! (Iba a utilizar términos como «frívolo», «superficial», «absurdo», pero es que carecen de fuerza sonora suficiente, incluso la palabra utilizada se me queda muy corta en cuanto a dimensión acústica y semántica).

En el 2025 encontraremos anuncios así (efecto invernadero mediante):

«Se ofrece profesor de Música para animales, perros, gatos, caballos, vacas, elefantes, tigres y leones a poder ser en la digestión, no antes, por un plato de sopa y una cama. Especialista en música antigua, por lo que mi proyecto curricular está principalmente dirigido a trilobites y anfibios. Posibilidad de dejarme tocar los genitales y ser abusado a cambio de contrato por meses, con firma contractual de secreto de sodomización».

Estoy seguro de que este absurdo pronto dará lugar a una sección en las escuelas y centros de educación musical de este país y de ahí a construir un Berkley para mascotas solo hay un paso.

Lo dicho, es mejor, llegados a este punto, morirse o que se mueran todos. ¿Seguir en esta mierda? ¿Para qué? En fin…

¡COMPAÑEROS! ¡A ESTUDIAR ANATOMÍA ANIMAL QUE SE ABRE TODO UN NICHO DE MERCADO EN BREVE! Especialmente para profesores y profesoras de canto.

¡Qué maravilla! Luego no os quejéis.

 

«Amadeus» Película de Milos Forman. Productora The Saul Zaentz Company. Distribución Orion Pictures.

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